El Desembarco en Normandía y los héroes del Pointe du Hoc

Pointe du Hoc

“Rangers, a sus lanchas!”. Esas cuatro palabras fueron suficientes para generar en aquellos 225 Rangers una mezcla extrema de sensaciones. Por un lado estaban excitados sabiendo que su objetivo era liberar a Europa de la barbarie nazi. Pero por otro, sabían que el mar, frío y traicionero, era el primero de los grandes enemigos que tenían que enfrentar hasta llegar a aquel acantilado de 30 metros de altura, dominado por los soldados alemanes a quienes debían atacar por sorpresa. Pero no todo resultó como esperado.

El Día-D: el inicio del final

El 6 de junio de 1944 era el día marcado por los aliados como el inicio de su plan maestro para recuperar la costa norte de Francia en poder de los nazis. La idea era abrir otro frente de batalla e ir acorralando a los alemanes. Cinco eran las playas que se invadirían con una flota descomunal: 160.000 soldados y 7.000 buques. Las playas de Utah, Omaha, Gold, Juno y Sword, eran los objetivos del ejército aliado conformado por soldados de los Estados Unidos, Gran Bretaña, y Canadá.

Playa de Omaha

Pero para lograr triunfar era fundamental recuperar un punto estratégico: el Pointe du Hoc, un acantilado entre las playas de Utah y Omaha, en cuya cima el ejército alemán contaba con seis piezas de artillería de 155 milímetros capaces de disparar enormes cañones a más de 14 kilómetros de distancia. Si no se lograban inutilizar dichas piezas, las chances de llevarse la victoria eran casi nulas ya que el ejército aliado recibiría una lluvia de disparos antes de siquiera desembarcar. Por lo tanto, semanas antes de llevar a cabo la gran Operación, los aliados se encargaron de bombardear hasta el hartazgo la zona, con el objetivo de inutilizar los grandes cañones. Pero no se podía dejar nada librado al azar, por lo tanto era necesario tener prueba firme de que esos cañones ya no serían un peligro. “Buena caza, Rangers”, despidió el capitán a los suyos, y esas lanchas iniciaron su rumbo.

38 minutos tarde

No se sabe qué habrá pasado por la cabeza del timonel británico cuando el Teniente Coronel James E. Ruddler le dio las órdenes de girar el timón a la derecha. Seguramente su nerviosismo por haber equivocado el rumbo, y estando a cargo de la primera barca a la que todos seguían, hizo acatar la orden sin siquiera preguntarse qué había pasado. Lo cierto es que fue más de media hora luchando contra la corriente en vano. Pero no fue el cansancio ni el estres provocado por tamaño error la peor consecuencia. Este desvío les hizo perder el elemento de sorpresa y le dio tiempo a los alemanes para armar el frente de defensa, algo que añadía un extra de imposibilidad a la ya imposible misión.

Pointe du Hoc

La balazera no tardó en comenzar a caer sobre sus cabezas. El silbido de las balas atravesando el agua helada debió haber sido una música que los Rangers no hubiesen querido oir. Estaban aún en sus lanchas, apenas descendiendo hacia el frío mar, y les faltaba aún escalar esa monstruosa pared vertical de 30 metros. De las embarcaciones tomaron unos cohetes especialmente diseñados para la misión: en lugar de municiones, disparaban garfios con sogas que se engancharían en la roca y les permitiría subir. Pero después de tanto tiempo perdido en el agua, muchas de estas sogas se habían empapado y por ende, pesaban tanto que no llegaban a volar lo suficiente. Tomaron entonces las grandes escaleras de la brigada de incendios y, mientras los destructores Satterlee y Talybont les brindaban su apoyo desde el agua, los primeros valientes soldados se acercaron al acantilado, apoyaron sus escaleras, y comenzaron a escalar. Mientras tanto, las balas seguían rozando sus cascos.

El ascenso y la toma

Algunos Rangers ya habían perdido sus vidas en el mar, ya que no todos sabían nadar. Los allí sobrevivientes comenzaron a emprender la subida. Si un hombre caía, otro tomaba su lugar. Si la sangre de un compañero los salpicaba, se limpiaban las botas y seguían. No existía la opción de parar, o de esconderse. No había árboles ni techo donde refugiarse. La pared vertical era el peor enemigo y había que superarla. Las balas comenzaron a dar lugar a las granadas y los aliados caían desde mitad de camino y quedaban cubiertos de grandes trozos de roca. «Lo último que recuerdo es una explosión y un montón de rocas rodando por la colina. Estuve desmayado no se cuanto tiempo. Cuando me levanté sentí el dolor en mis piernas, descubrí que estaban llenas de ampollas de sangre», dice el soldado Eikner, quien a pesar de haber recibido el impacto de una granada, logró subir el acantilado.

Pointe du Hoc

16 hombres quedaron detrás, yaciendo en la ahora roja arena. Los que finalmente -y valientemente- ascendieron, comenzaron a intercambiar disparos con los soldados alemanes hasta lograr disiparlos y obligarlos a escapar. La toma de Pointe du Hoc había sido un “éxito”. Pero de pronto el silencio se adueñó del lugar, y se sintió más luego de tantas explosiones y disparos que ahora habían callado. Los Rangers se miraron unos a otros con angustia y desesperación. Los emplazamientos de hormigón estaban vacíos. Ni rastro había de los cañones. Habían podido trepar el temible acantilado, se habían enfrentado a un ejército de soldados que los estaban esperando en guardia, habían sobrevidido, pero ¿para qué? Si no era posible encontrar esos cañones y comprobar que estuvieran deshabilitados, la misión era un completo fracaso.

Los cañones y los refuerzos que no llegan

De pronto uno de los soldados divisó en el suelo unas marcas de raíles y comenzaron entonces a seguirles el trazo. Dos kilómetros después, escondidos detrás de la maleza, yacían los cañones nazis, intactos, y con municiones en el suelo, ordenadas, apuntando hacia las playas del Desembarco, listos para ser utilizados. Desarmarlos con explosivos llevó apenas unos segundos. Ahora sí, la misión se había cumplido. Pero los soldados alemanes que habían logrado escapar significaban un gran peligro para los Rangers, ya que en cualquier momento podrían regresar con refuerzos para volver a recuperar el lugar. Y los Rangers, sin posibilidad de avisar del éxito de la misión ya que las comunicaciones habían sido cortadas, se encontraban solos y con un nuevo objetivo: salir vivos de allí.

Pointe du Hoc baterías

Dos días tuvieron que mantener posiciones y defender el lugar de los ataques alemanes. Cuando finalmente llegaron los refuerzos, de esos 225 Rangers sólo quedaban con vida 90. Otra vez, la guerra se había hecho cargo de regar con sangre las tierras europeas. Otra vez los hombres jóvenes morían, mientras los hombres viejos discutían detrás de un escritorio. Pero sin duda esos grandes hombres dieron su vida con valor y con seguridad de que lo que estaban haciendo era necesario para liberar al continente del horror. Lamentablemente, en un mundo en donde la guerra era -y sigue siendo- el negocio número uno, no había otra forma de hacerlo.

Pointe du Hoc: Estar ahí

En las playas del desembarco poco se puede ver de esta cruenta batalla. Más allá de una escultura homenaje a las víctimas, las playas son playas, es arena que sigue su rumbo con el ir y venir del viento, es mar que ahora sólo lleva y trae vida. Pero Pointe du Hoc es diferente. Allí uno puede realmente ver el impacto de la guerra. Uso esa palabra, “impacto”, tanto de manera metafórica como literal, porque nada se ha tocado desde aquel 6 de junio de 1944.

Trincheras en Pointe du Hoc

Trincheras Pointe du Hoc

Las trincheras en donde los alemanes se escondían, con sus paredes llenas de agujeros de bala. Ese mar testigo de batalla, que lleva las mismas aguas que sintieron el poder penetrante de los disparos. El pasto, que ha crecido en varios niveles. El de la hermosa y verde pradera, y aquel nivel más bajo, el de los enormes huecos que han dejado la infinidad de bombas que cayeron en ese lugar.

Pointe du Hoc

Y el impacto, en este caso el metafórico, el que nos pega de lleno a nuestras emociones, es aún más fuerte cuando uno ve a los niños que van con sus padres a dar respeto al lugar caminando en esos pozos, recorriéndolos con la inocencia de un niño que ve allí una gran diversión de subir y bajar un terreno, como si fuera un gran tobogán, sin saber lo que realmente pasó allí, sin faltarle el respeto a los caídos -como sí lo hacen algunos adultos que ríen y gritan pensando que están en una plaza- ya que son ellos la expresión máxima de inocencia y pureza que tenemos que intentar cuidar. Por eso es importante llevarlos. Para que algún día, cuando les contemos que estuvieron allí, puedan interesarse por la historia y empezar a torcerle el rumbo.

Pointe du Hoc impacto de bomba Atardecer en Pointe du Hoc

 

Pointe du Hoc: Cuándo ir y cómo llegar?

El sitio está abierto al público los 365 días del año. El centro de visitantes abre de 9 a 18 del 15 de abril al 15 de septiembre, y de 9 a 17 el resto del año. En el centro de visitantes se puede comprender un poco más de la batalla mediante un documental que muestra a través de entrevistas a los sobrevivientes, lo que se vivió aquellos días de principios de junio de 1944.

El acantilado se encuentra a 11 kilómetros de distancia del cementerio americano de Omaha. Sus coordenadas son: N49 23.565 W0 59.408. Si no se cuenta con coche propio (o autocaravana como fue nuestro caso), se puede llegar en tren desde Paris a Bayeaux, y luego de ahí contratar un servicio de taxi o autobús.

Se puede organizar un día entero para visitar los sitios más significativos del desembarco incorporando la visita a las diferentes playas. Pueden leer un muy interesante artículo en el blog Los Apuntes del viajero haciendo click aquí.


TE GUSTÓ? COMPARTILO!

Los heroes de Pointe du Hoc Pinterest

Join us now

Get our online magazine with 26 full color pages for free!

Written by Pie & Pata
Feliz es quien disfruta viajar en familia.